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Publicado December 18, 2018

Cómo me cambió mi año como au Pair

Ser au pair fue la mejor decisión de mi vida

Por Kim Walk

Cuando subí al avión que me llevaría desde Hamburgo a Nueva York, al que sería mi nuevo hogar durante los siguientes 13 meses, sabía que no regresaría siendo la misma persona. Sabía que cambiaría y crecería a nivel personal: todo au pair, futuro au pair y amigos de cualquier au pair lo saben. Lo que nunca hubiera imaginado es que ser au pair por sólo 13 meses cambiaría radicalmente mi forma de pensar, de sentir, de vivir.

 

Como sabrán, cada vez que le preguntas a alguien “¿Por qué decidiste ser au pair?”, por lo general la respuesta es “Me encantan los niños, quería viajar, mejorar mi inglés, etc.”. En mi caso, aunque me encantan los niños y ciertamente quería viajar, la principal razón por la que quería ser au pair es porque sabía que no quería entrar aún a la universidad y buscaba qué hacer ese año con la idea de tal vez viajar. Sin embargo, viajar por un año a trabajar y pasear en Australia o en otro lugar era muy caro, y la idea de ser au pair me había estado dando vueltas en mi cabeza desde que tenía 12 años. Entonces pensé “¿Por qué no? Inscríbanme”.

 

Debo admitir que al principio no estaba tan entusiasmada. Pensaba “bueno, viajaré, con suerte encontraré a una familia agradable, ¡será divertido!”. El VERDADERO entusiasmo llegó unas semanas más tarde, cuando encontré a mi familia anfitriona de la manera más inusual. Déjenme decirles que el universo QUERÍA que estuviéramos juntos. El miércoles intercambiamos el primer correo electrónico y para el domingo ya nos habíamos elegido mutuamente. Encontrar a esta maravillosa familia anfitriona hizo que mi entusiasmo se disparara. Todos mis amigos pueden dar testimonio de esto. Seguramente mencionarán la cantidad de veces que les mostré fotos de mis padres anfitriones y su hermoso bebé. De repente estaba realmente emocionada porque pasaría el siguiente año con estas personas increíbles, con quienes comparto las mismas creencias y valores, que viven en una ciudad sorprendente, con el bebé más lindo, y lo que es más importante, que aprecian la buena comida y comen tanto como yo.

 

Mucha gente me ha preguntado por qué elegí Cultural Care. Puedo decir que, porque todo transcurrió con fluidez y sin problemas, desde la reunión de información hasta la aplicación. Ellos estaban realmente comprometidos, y yo sentí que estuve muy bien informada durante todo el proceso. No tuve ningún problema en todo el año que pasé como au pair con Cultural Care.

 

Es sabido que como au pair hablarás un excelente inglés y serás más independiente y mucho más maduro. Todo eso se da cuando te mudas a un país extranjero sin tu familia y amigos.

Al no tener a mi mamá cerca y tener que hacer cosas de adultos como abrir una cuenta en el banco, manejar todo mi dinero, pagar impuestos, planear vacaciones, decidir cosas sin preguntarle a mi mamá qué haría ella, me volví naturalmente más independiente, madura, segura, y mejoré mi inglés. Lo más difícil para mí, personalmente durante mi año au pair, sucedió cuando decidí hacerme un piercing y tuve una infección tan fuerte que tuve que ver a dos médicos diferentes. Me enviaron directamente a la sala de emergencias, donde los doctores tuvieron que sacar el piercing cortándolo (dato curioso: era mi cumpleaños) y tuve que lidiar con todo el papeleo y las llamadas telefónicas a la compañía de seguros, sin mencionar la deuda por 2.000 dólares y la cuenta del hospital que recaían sobre mi cabeza. Todo eso me estresó mucho. No hace falta decir que lloré como nunca. Por suerte, ahora mi oreja luce normal, la cuenta del hospital la cubrió el seguro y yo sólo tuve que pagar USD $50 (tan pronto como recibí la carta con esas buenas noticias reservé vuelos a Hawái), y ahora tengo una buena historia para contar en las fiestas. Toda esa experiencia me enseñó mucho acerca de concentrarse en lo bueno, mantenerse fuerte mentalmente, levantarse y hacer lo que hay que hacer, y escuchar a tu mamá cuando dice “definitivamente no deberías intentar hacerte otro piercing”. Esa fue sólo una de las tantas situaciones que me enseñaron cosas sobre mí misma en Estados Unidos.

 

Sin embargo, lo que realmente me cambió de la forma más hermosa no es la fascinante experiencia de este gran salto hacia la independencia y el sueño hecho realidad de viajar sin parar: fue la gente que conocí en el camino. En Alemania, vivo en la misma ciudad pequeña en que nací, rodeada de las personas que conozco hace años. Cada persona a la que le permites tocar tu vida te cambiará. Además de lo maravillosamente bien como fui criada por mi familia en Alemania, mis amigos y mi familia en Estados Unidos contribuyeron para que me convirtiera en la persona que quiero ser, a través de sus historias, abrazos y personalidades.

Fiesta au pair

Quiero ser tan trabajadora y valiente como mi madre anfitriona, Rachel, que a veces pasa 15 horas al día frente a su escritorio, trabajando para una organización nacional de protección de animales de granja sin fines de lucro. Ella lo da todo para hacer el bien en el mundo, al tiempo que se encarga de cada cosa en la familia y lidia con un problema cada 2 minutos y 15 segundos.

 

Quiero tener tanta determinación como Suzanne, que se propuso (y lo logró) perder 30 kilos en 6 meses. El dato divertido: lloré en una fiesta porque estaba muy orgullosa de ella.

San Diego con Suzanne

Quiero amar tanto a las personas como Sarai. Quiero estar tan segura de mí misma como Belinda. Quiero vivir cada día como si fuera el último, como lo hace Mona.

 

Quiero ser un rayo de sol como Lara y Caro, que siempre lograron hacerme reír. Aún le muestro a las personas sus cuentas de Instagram desde mi teléfono mientras les pregunto “¿Acaso no son las más lindas???”

 

Quiero ser tan sincera y motivadora conmigo misma como Lynne, que es (y siempre será) una de mis mejores amigas. Ella está ahí para mí y para alegrarme siempre (Sé que estás leyendo esto. Te quiero).

Death Valley

Quiero ser tan aventurera como Jessica, que a los 35 años se fue sola a Tailandia unos meses y luego siguió viajando por el mundo, viviendo una mejor vida. Hemos ido a México, Hawái y Sicilia juntas, y la pregunta nunca es cuándo nos veremos otra vez sino dónde.

 

Durante mis 13 meses en Estados Unidos, estas fueron las personas que me ayudaron a convertirme en la persona que quería ser. Y me siguen ayudando aún hoy.

 

Gracias a mi año como au pair, soy mejor amiga, más productiva, menos indecisa, más cariñosa, más positiva, más espontánea, una buena tomadora de decisiones, más madura, determinada, alguien que no tiene miedo, una persona segura. En resumen, soy una mejor yo.

Kim Walk
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